El regreso de Cristina Kirchner a Buenos Aires, sobre todo, para homenajear a Hugo Chávez, se convirtió en la mala noticia para el peronismo, que busca despegarse de una figura que, para las autoridades al menos -con encuestas en mano-, “irrita a la sociedad”.

“Cada vez que tenemos una buena razón para cuestionar a Macri, aparece Cristina, y esa razón desaparece”, analizó en diálogo con Diaocho.com un importante dirigente del PJ. Para colmo, la ex presidenta cuestionó la estrategia de depuración del Partido. “La autocrítica del peronismo es echarle la culpa al otro”, dijo en alusión a los cuestionamientos de los dirigentes a la corrupción kirchnerista.

Con una impronta más política que judicial, el regreso de CFK vaticina una presencia más activa de ella en materia partidaria, en momentos en que la cúpula peronista busca despegarse de todo lo que tenga que ver con el kirchnerismo.

En el entorno de la ex presidenta dicen que ella hará realidad la frase que dijo en un reportaje. Saldrá a la calle a tomar “la temperatura de la gente”. Claro, en un distrito amigo y con un intendente amigo. Podría ser en Avellaneda, donde ya estuvo meses atrás, o en Berazategui, donde gobiernan dos intendentes ultrakirchneristas.

El peronismo necesita renovar su imagen si es que quiere ser competitivo de cara a las elecciones de medio término. En medio de las conversaciones con el jefe del Frente Renovador, Sergio Massa, el aterrizaje de la ex presidenta en Buenos Aires puede aguar los planes al menos por un tiempo.

Massa dejará de coquetear con el peronismo si ve que Cristina Kirchner sigue activa tratando de ocupar la escena. Lo mismo harán los gobernadores peronistas no kirchneristas, que cada vez que Cristina volvió a Buenos Aires, desaparecieron del protagonismo político, para no quedar pegados a su figura.

La ex presidenta conserva aún un núcleo duro, de alrededor del 25 por ciento, que la respalda. Pero posee una alta imagen negativa, que supera los 50 puntos. Su declive empezó cuando dejó la Casa Rosada pero se acentuó con los casos de corrupción que se fueron difundiendo en los medios de comunicación. Por eso, la participación activa de CFK en la política partidaria no es una buena noticia para el peronismo.

Al mismo tiempo, su presencia es una buena noticia para el Gobierno, que polariza con una ex presidenta en declive, aferrada a su vieja forma de construir poder, la misma que llevó a la derrota del Frente para la Victoria en las últimas elecciones.