La marplatense Daniela Castro se candidatea para una banca en el Senado provincial para las PASO y se perfila como una de las figuras más resonantes de la Quinta Sección electoral. Por estos días, en plena campaña junto a la fuerza política Vamos, la precandidata admite que su camino para abrirse paso en la política le costó el doble que al resto, ya que fue discriminada por su condición de trans y de mujer.

Daniela nació 42 años atrás con genitales de varón, pero su identidad de género autopercibida siempre fue femenina. Desde pequeña lo sintió así. Por eso hoy, en su DNI, se llama Daniela Emma Castro.

Ahora, después de un extenso y arduo recorrido personal y profesional, encabeza una lista de senadores que comprende 27 distritos (entre los que se cuentan Mar del Plata, Chascomús, Dolores, Balcarce y Necochea, entre otros). Su mayor batalla, dice, es poder encabezar una lucha real contra el machismo.

Daniela sufrió la discriminación y la misoginia en carne propia por su condición de trans y de mujer. De ahí su deseo de poder encarar una batalla contra la desigualdad y los prejuicios que, asegura, imperan en toda la sociedad argentina. "Todo nos cuesta mucho más que a los varones", dice, y en la batalla contra esas dificultades refuerza la lucha de su proyecto político: "Tenemos como propuesta fundamental ser una plataforma con perspectiva feminista porque entendemos que las mujeres tienen que tener espacios, derechos, plenarios y discusiones para poder modificar todo este ambiente patriarcal en el que hemos vivido durante tanto tiempo", explicó al diario La Nación. En este contexto, Daniela, hace repaso sobre las dificultades que tuvo que atravesar para poder insertarse en el mundo laboral y luego, para poder hacerse espacio en una lista.

La hoy precandidata comenzó su militancia en el 2003 y, recuerda, las cosas no le fueron fáciles: "Cuando descubrí la pasión que tenía por la política y empecé a meterme de lleno, noté que me iban a poner muchos frenos, no contra mí, sino porque la política en Argentina es muy machista, el machismo está enquistado", afirma. Es por eso que, sostiene, que en caso de triunfar, su espacio promoverá leyes que intenten equiparar las diferencias históricas entre hombres y mujeres.

Aunque Daniela no sufrió la discriminación en su casa y contó con el apoyo de su familia en cada paso, tuvo que enfrentarse a los prejuicios en otros contextos, como en su paso por la escuela. "Sufrí violencia mucho la violencia verbal", explica sobre esa etapa.

Así, se autodefine como una persona temperamental que, en los inicios de la década del 90, en momentos de extrema necesidad, debió prostituirse para conseguir dinero: "Al igual que muchas de mis compañeras tuve, lamentablemente, un paso por la prostitución y eso marcó un antes y un después. Intenté muchísimas cosas para no llegar a prostituirme, yo quería romper con ese paradigma que tiene que ver con que, si sos trans, tenés que estar en esa situación. Busqué todas las formas para evitarlo, pero no lo logré. Fue un momento muy duro, difícil, porque yo no entendía por qué tenía que pasar por eso, pero tenía que vivir y no tenía otro medio de vida", rememora Daniela.

"En aquella época la policía entendía que yo estaba en actitud de rebeldía y me perseguía. Esa rebeldía no era más que mis gritos por mis derechos, pero eso tuvo un costo y estuve detenida mucho tiempo en distintos momentos", cuenta Daniela, que se tuvo que ir de su ciudad natal por temor a las amenazas y persecuciones policiales.

Así, se fue a vivir a Buenos Aires para escapar. Sin embargo, las cosas no cambiaron para bien: "La pasé diez veces peor, entonces decidí volver para cambiar mi vida y salir de la situación de prostitución. Ahí empecé a transitar el camino del trabajo social, de la política, me acerqué más a lo sindical. Lo primero que hice para poder trabajar por fuera de la prostitución fue tomar uno de los primeros programas sociales que existieron y dejé la calle", cuenta.

Así, empezó a trabajar en un ropero comunitario, aprendió a coser a máquina e hizo pequeños trabajos en un taller de costura. Luego ingresó a la CTA como empleada administrativa y ese, advierte, fue el punto de inflexión en su vida laboral.

A principios de 2001 Daniela tomó contacto con distintos ministerios, viajó, conoció gente y se metió cada vez más en la política desde un lugar social, hasta que finalmente, 14 años atrás, consiguió un trabajo en la Secretaría de DDHH de la provincia de Buenos Aires. "Fui la primera chica trans en tener un cargo público en la Provincia", cuenta Daniela, que desde 2015 se desempeña en el Patronato de Liberados bonaerense.