La imagen del presidente Mauricio Macri se mantuvo en franco deterioro el comienzo del año, después de las recientes medidas "impopulares" que tomó y de los últimos escándalos que involucraron a altos funcionarios del Gobierno.

En el seno del oficialismo lo admiten a regañadientes y cruzan los dedos esperando que la decisión del mandatario de forzar la renuncia de familiares directos de ministros e integrantes del Gabinete nacional que venían ocupando cargos en el Estado ayude a contrarrestar el declive reflejado en distintas en encuestas de opinión.

Claro que si el Gobierno consideraba que era necesario combatir el nepotismo para favorecer la transparencia y la calidad de las instituciones en la Argentina, el mandatario podría haber ordenado la resolución tomada en las últimas horas no bien asumió como Presidente, hace poco más de dos años.

Da la sensación de que se trata de una medida de urgencia a la que recurre ahora el macrismo, como parte del plan de austeridad en la función pública que venía delineando, con el objetivo de suavizar los reproches surgidos especialmente en la clase media a partir de la sanción de la reforma previsional, con la consecuente caída en las mediciones de imagen.

Se trató aquella de una decisión considerada como "impopular" (y desacertada) por sectores de la sociedad que incluso dieron su respaldo al frente Cambiemos en las elecciones de octubre pasado, cuyo resultado es como que envalentonó a Macri para avanzar a paso redoblado con sus planes de transformación del Estado.

Avalar permanentes aumentos de tarifas y de precios en general también es una forma de gobernar, es la manera que eligió el macrismo y que le suma cada vez más críticas de quienes votaron por el cambio, pero empiezan a temer que éstos se terminen pareciendo a aquéllos.

Y no es solamente por el constante incremento del costo de vida o por las medidas que toma Macri y que pueden resultar antipáticas o "impopulares" que los votantes de Cambiemos comienzan a mirar de reojo al Gobierno. Claramente, los escándalos que involucran a funcionarios de alto rango es lo que produce mayor rechazo.

"Son todos iguales". Desde el revuelo con los Panamá Papers y el blanqueo de capitales del que participó -entre otros- Gianfranco Macri, hermano del Presidente, hasta los más recientes incidentes con el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, y su colega de Agroindustria, Luis Etchevehere, e incluso la prepotente remoción del camarista Eduardo Freiler: los escándalos que salpicaron al Gobierno en sus dos años de gestión han conspirado a todas luces contra las ambiciones de Macri y compañía de mostrarse como "distintos".

El Gobierno debe esforzarse para combatir esa creciente sensación de que todos los políticos "son iguales" si pretende convencer a la sociedad de que "el cambio" efectivamente está en marcha y que no se trata solo de un eslogan de campaña surgido del laboratorio de mercadotecnia que comandan el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el "gurú" ecuatoriano Jaime Durán Barba dentro del oficialismo.

En política las apariencias, a veces, engañan. Y después de tres décadas y media consecutivas de democracia, es cada vez más amplio el universo de ciudadanos y en definitiva, de votantes, que aprendió y sabe tomar nota de los deslices de un Gobierno, para luego pasar factura cuando llega el momento de concurrir a las urnas.

Entonces, no alcanza con "parecer", es necesario "ser": ser más honesto, más íntegro, más probo que los anteriores. Demostrar que aquellas denuncias por presuntos actos de corrupción destinadas al kirchnerismo y esa promesa de "nosotros no somos así" tienen una correlación directa con el actual comportamiento de quienes ejercen ahora el Poder. Dicho sea de paso: ¿es cierto que Triaca utilizó información de inteligencia en medio del alboroto con su empleada doméstica?.

Se viene un año complejo para el Gobierno, con un Macri que intentará probablemente desplegar ese plan estratégico que tenía en mente desde un comienzo, pero que aplicó a cuentagotas, con gradualismo, y que tras los comicios legislativos del año pasado buscará intensificar antes de zambullirse de lleno en la campaña de 2019.

¿Por qué complejo? Porque el oficialismo deberá hacer frente a una oposición que cobró un protagonismo inesperado después de los últimos debates en el Congreso y que redescubrió fortalezas que parecían adormecidas luego de que esa "ola amarilla" de octubre de 2017 relegara a un segundo plano a peronistas, kirchneristas, massistas y compañía.

En este sentido, el Partido Justicialista sigue apostando por una reestructuración interna y posiblemente intente avanzar hacia una unificación en la que podrían confluir incluso sectores hasta hace unos meses enfrentados entre sí, como los que lideran por ejemplo Cristina Kirchner y Sergio Massa.

Si el macrismo pretende vigorizar su plataforma de Gobierno durante 2018 debe moverse con cuidado, tomando precauciones tanto en el flanco externo como interno, es decir, tratando de evitar que escándalos como los que involucraron recientemente a funcionarios de alto rango sigan afectando la imagen del Presidente y socavando la credibilidad de quienes empiezan a dudar de los presuntos beneficios del "cambio".

(*) - Secretario general de Redacción de la agencia Noticias Argentinas (NA).