Que la carrera política de Sergio Tomas Massa es una de las más vertiginosas desde la reinstauración democrática no es novedad. Que prácticamente no ha decidido dejar ninguna oportunidad para posicionarse desde que resultó electo diputado provincial en 1999 tampoco. Novedad sería que alguna vez decida no participar en una contienda electoral.

Hoy por primera vez, a dos décadas de su precoz debut en las grandes ligas de la política argentina pasar una mano es una posibilidad cierta: “seré candidato a vicepresidente o a diputado por la provincia de Buenos Aires si Juan Manuel lo necesita y sino me quedaré en casa disfrutando de la familia’’ sostiene en sus círculos mas íntimos.

Es un hecho que la comunicación macrista ha sido eficiente en el desgaste de la imagen del tigrense. Hoy el hombre que terminó con los sueños del kirchnerismo eterno tiene ratios de similares a los de CFK. En la Casa Rosada con un dejo de soberbia afirman: ‘’cuando nosotros nos caemos nadie logra crecer. Eso se debe principalmente al desgaste que Marcos produjo sobre la figura de Massa’’.

Detectar si la nueva faceta zen es una realidad o una puesta en escena más de las que el tigrense acostumbra en los años pares tiende a imposible. Uno de los dirigentes bonaerenses que lo acompaño desde el 2011 al 2015 afirma: “Massa es un jugador de truco, no de ajedrez. Solo va a pasar un turno electoral cuando no le quede otra y ese momento podría no estar lejos’’.

Salvar el feudo y refrescar su imagen son la paredes del laberinto en el que se encuentra el dicotómico y ambivalente STM. Frotar la lámpara y salir por arriba es su apuesta, la alternativa de su círculo íntimo posiblemente no alcance más que para juntar firmas por algún tema coyuntural.