Frente a la presencia de gran parte del gabinete nacional, Poli declaró que "la indiferencia de los ricos frente a los pobres no pasa inadvertida ante Dios", al tiempo que hizo una fuerte declaración contra el proyecto de legalización del aborto. 

El religioso dijo que "los cambios sociales y culturales se dan en procesos que demandan tiempos que nos trascienden y se extienden más allá de los períodos de un gobierno y debemos desconfiar de los logros instantáneos".

"Si comenzamos hoy, dentro de 10, 15 ó 20 años se verán los frutos; el tiempo no lo podemos someter pero sí continuar unidos por el bien común, y el deber del Estado es cuidar la vida" especialmente "de los pobres y marginados", destacó el cardenal en el Tedeum que se celebró en la Catedral Metropolitana. En ese sentido, reclamó atención del Estado hacia los sectores "más débiles" y advirtió sobre "una justicia distributiva largamente esperada".

"Dios está nombrado en el preámbulo de la Constitución Nacional pero nos olvidamos de que existe, que está siempre dispuesto a escucharnos cuando lo invocamos y a protegernos cuando lo necesitamos. Pareciera que lo dejamos al margen de las decisiones, confiamos sólo en nuestra capacidad, en las ecuaciones sin que dominemos todas las variables y nos afirmamos en nuestra corta experiencia sin tener en cuenta la memoria histórica del país que algo tiene que enseñarnos en las horas de prueba", sostuvo Poli.

En este sentido, advirtió que "en los tiempos de crisis y desencuentros entre los argentinos no dominan las fuerzas económicas sino las espirituales", porque si no "cómo podemos explicar cómo durante más de 200 años el pueblo atravesó con paciencia y virtud laboriosa los momentos oscuros, a veces sobreviviendo a sostenidos periodos de confusión a la carencia de medios básicos y al flagelo de desocupación, dando lugar a los humillantes rostros de la indigencia, paradójicamente en una tierra rica de recursos naturales".
Además, Poli remarcó que "los cambios sociales y culturales se dan en procesos que demandan tiempo que nos trasciende y superan los periodos de gobiernos e incluso de generaciones", por lo que pidió "desconfiar de los logros instantáneos y recetas prometeicas", pero remarcó que "mientras dura ese proceso el primer deber del Estado es cuidar la vida de sus habitantes, especialmente de los débiles, los pequeños, los pobres y marginados y los ancianos marginados".

En otro de los pasajes destacados de su homilía, titulada "Invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia", el cardenal volvió a enfatizar en la postura contraria de la Iglesia a la despenalización del aborto, que se debate en el Congreso.  "El magisterio del papa Francisco, del cual soy indigno sucesor en esta cátedra, nos anima a que la defensa del inocente que no ha nacido debe ser clara y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada", indicó.

 "Honrando los gestos de grandeza de los padres de la Patria, decimos que vale toda vida y, ante el bello don de la concepción, si la propuesta es optar por una u otra, apostamos decididamente a que vivan las dos. Para Dios no hay excluidos", destacó el arzobispo. (DIB)