En un sentido parece que la crisis cambiaria ya pasó. La llegada del primer desembolso del préstamo del FMI y la recategorización económica que obtuvo la Argentina por parte del Morgan Stanley, que pasó de “mercado de frontera” a “economía emergente” motivaron el optimismo del Gobierno para dejar atrás las turbulencias.

Así es como el presidente Mauricio Macri prepara un relanzamiento de la gestión para aprovechar el envión con más créditos para las pymes, más inversión privada en las obras públicas, mayor moderación en las subas de tarifas de la energía, más planes de empleo y una promesa de baja de tasas de las Lebac cuando se estabilice el dólar para buscar reactivación de la economía y evitar una recesión.

Sin embargo, hay algunas contradicciones que se desprenden de este diagnóstico que se traduce luego en un plan de medidas anticíclicas por parte del Gobierno; según el recientemente asumido Ministro de Producción de la Nación, Dante Sica, lo peor no pasó y este segundo semestre será más difícil de lo que viene siendo. Asimismo, el acuerdo con el FMI, si bien es positivo para los mercados, exige una flotación administrada del tipo de cambio atada al valor del dólar que fije el mercado, sin intervención del Banco Central, que antes intervenía diariamente para contener la tendencia alcista. Ahora el BCRA licita dólares al término de cada jornada para ponerle un tope al valor y no malgastar divisas, pero eso no asegura un valor de referencia estable de la moneda estadounidense. Con lo cual, resulta difícil imaginar que en poco tiempo puedan bajar las tasas.

En el mismo sentido, la moderación en la suba de tarifas tampoco parece viable si el propio presidente dijo hace menos de dos semanas que “todavía falta ajustar un tercio el cuadro tarifario de los servicios públicos” y que “habrá menos gradualismo”.

Por su parte, en un contexto de retracción de la economía y de ajuste en el sector público y privado, con miles de despidos, el cumplimiento del plan de empleo que impulsa el Gobierno resulta casi utópico si lo primero que debiera hacerse es apuntar a conservar a los puestos de trabajo ya existentes.

Desde la Casa Rosada indicaron que se busca llevar adelante un paquete reactivador que estudia el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, para sostener cierto crecimiento del PBI, que pese a la crisis estiman se mantendrá en un 1% para el final de 2018, pese a que lo previsto previo a la crisis en el presupuesto era de 3,5% del PBI, otro error de cálculo grosero del Gobierno.

Con todo, el Banco Nación lanzará nuevas líneas de financiamiento a las pymes y por el recorte fiscal habrá menos obras públicas financiadas por el presupuesto, algo que se discutirá con las provincias. Sin embargo, el Ministro del Interior Rogelio Frigerio y el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, buscan cómo compensarlas con los planes de participación público privada (PPP).

Asimismo, para sostener el empleo, el ministro de Trabajo Jorge Triaca  dará mayor impulso al Plan Empalme para tomar beneficiarios de planes de capacitación para insertarlos en el sector privado.

Medidas todas que, una vez más, apuntan a la reactivación económica de modo siempre optimista, algo que hasta ahora no le ha funcionado al Gobierno. Cuando las expectativas son grandes, los fracasos tienen el mismo impacto y tamaño. Habrá que ver, finalmente, si esta vez las metas trazadas resultan “cumplibles”.