La Universidad Católica Argentina (UCA) refleja en un informe que la precariedad de las viviendas afecta al 25% de los niños, mientras que la situación de hacinamiento alcanza al 22,5 por ciento. Esto se suma a las cifras alarmantes sobre la mala alimentación y la salud.

A partir de esta realidad, suele discutirse acerca del modelo educativo en términos de inversión para mejorar la situación de estos chicos y proyectar un futuro, pero no alcanza limitándolo a ese aspecto.

Después de un diagnóstico preciso realizado por un equipo multidisciplinario que tomó el modelo de CONIN a través de un  Observatorio de la Niñez que impulsó diversos trabajos de campo en todo el conurbano bonaerense, pudo observarse que la única solución estructural a la problemática actual en materia educativa comienza en los primeros mil días de vida, teniendo en cuenta que ese es el período en el que más se debe estimular a los niños debido a que en ese lapso de tiempo se desarrolla el 80% del cerebro.

Por eso está claro que cuando se discute el sistema educativo primario y secundario, se está llegando tarde. Lo mismo ocurre con la deserción escolar. Si más de la mitad de los chicos no comprenden textos, resulta lógico que dejen la escuela. Y en ese sentido, no hay ningún sistema educativo del mundo que pueda corregir esas asimetrías cuando se llega tarde.

En países como Colombia hemos observado con gratitud exitosos Programas que involucran al niño en su total integridad, desde un abordaje educativo, cultural, social, sanitario, nutricional y deportivo, considerando al niño donde debe desarrollarse; el hogar, la salud, el entorno educativo y el espacio público.

El estado colombiano financia este modelo de primera infancia y trabaja en conjunto con el sector privado. En detalle, este plan tiene una comisión intersectorial  articulada por todos los ministerios (todos tienen un área dedicada a la niñez), dependiente de la presidencia, en la que todos los ministros hacen su aporte desde el lugar que ocupan, como por ejemplo, obras públicas  planifica las plazas o espacios de recreación necesarios en cada barrio, o en cultura las bibliotecas o museos infantiles y juegotecas, con especial atención en la primera infancia.

Consiste en una política pública descentralizada que se desarrolla en todo Colombia, con el objetivo concreto de ver resultados en el mediano y largo plazo, algo parecido a lo que se intenta hacer en Argentina con el Plan Nacional de Primera Infancia a través de la modalidad de los Centros de Desarrollo Infanto Familiar (CDIF), donde se trabaja con las familias en un abordaje integral interdisciplinario, que contempla un programa de acompañamiento principalmente en niños donde puede haber algún tipo de riesgo para su crecimiento y desarrollo integral, aunque en nuestro país todavía seguimos llegando tarde y hay millones de niños desprotegidos, sin afecto, sin educación, sin nutrición básica y sin estimulación, todas variables que afectan el desarrollo de modo irreparable.

No hay otra forma de igualar oportunidades genuinamente que no sea atendiendo las necesidades de los chicos desde sus primeros años de gestación. Por eso debe abordarse la primera infancia como una política pública a mediano y largo plazo que trascienda los distintos gobiernos. Y sobre todo, cuidar la vida en todas sus etapas evolutivas y de gestación.