Nos dijeron que había un plan. Que el mejor equipo de los últimos 50 años iba administrar el país. Que esta vez era en serio. Pero al cabo de 3 años de gestión, los resultados muestran otra cosa. El plan se traduce de parche en parche con improvisaciones que intentan contener o rectificar errores no forzados propios más que avatares provocados por factores externos, principalmente por la falta de política para conducir. Sin dudas, resulta imposible por estos días no trazar un paralelismo con lo ocurrido con la selección Argentina de fútbol en el Mundial de Rusia, que se refleja nítidamente como un espejo de la administración Macri.

Por capricho del presidente de la Nación, consecuencia de su “vendetta” a Marcelo Tinelli por haber apoyado públicamente a Daniel Scioli en la contienda electoral del 2015, se entregó el manejo de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) a Claudio Tapia y Daniel Angelici, amigos del primer mandatario. Por ése entonces todavía existía una vocación por meter a Hugo Moyano en esa mesa, tendiendo puentes con el sindicalismo e intentando “matar dos pájaros de un tiro”. No le salió y el líder camionero y presidente de Independiente volvió a cuestionar al Gobierno.

Se enfrentaban dos modelos bien antagónicos en esa histórica votación en AFA, luego de más de 3 décadas ininterrumpidas de conducción de Julio Grondona donde no hubo elecciones. Por un lado, una nueva propuesta, con estilo distinto, innovador y transparente, que encabezaba el vicepresidente de San Lorenzo Marcelo Tinelli, junto al presidente de esa institución, Matías Lammens, a su par de River, Jorge D´onofrio, y al de Vélez Raúl Gámez, sólo por nombrar algunos de los símbolos más importantes que llevaban adelante esa intención de cambio. Por el otro lado, un dirigente del ascenso sin más pergaminos que haber presidido un club de la categoría C como Barracas Central, Claudio “Chiqui” Tapia, asomaba como el nuevo Grondona, no por su capacidad, que lejos está de la del extinto ex presidente de AFA, sino por sus manejos mafiosos y sus contactos políticos. Todo derivó en el recordado “38 a 38” en una votación escandalosa que luego devino en intervención y más tarde en la baja de la candidatura de Tinelli y un sospechoso cambio de postura de muchos dirigentes que terminaron apoyando a Tapia para que resulte “el presidente del consenso”. Emulando al Padrino, Grondona solía decir que “a cada comensal le llega su plato”, procurando ilustrar que todos tienen un precio para cambiar de idea.

En un año de Tapia tampoco hubo plan. Ni en la liga local hubo cambios positivos ni en la selección Argentina. Primero contrataron a Edgardo Bauza como DT del seleccionado, que duró menos de 7 partidos y se fue como consecuencia de malos resultados, a falta de sólo 5 partidos para terminar las eliminatorias y con la Argentina fuera de los primeros 5 que clasificaban al Mundial. Se le rescindió el contrato por 12 millones y medio de pesos, y se contrató –según palabras de Tapia- al “mejor técnico del mundo”, Jorge Sampaoli.

En esta corta era, durante esos 5 partidos de eliminatoria no hubo tampoco buenos resultados y el equipo no encontró una identidad de juego; llegó al último partido con Ecuador con la necesidad imperiosa de ganar para clasificar al Mundial. Afortunadamente ganó porque Messi se iluminó e hizo 3 goles. También porque el plantel ecuatoriano puso suplentes, que además salieron de juerga la noche anterior.

Después pensábamos que habría tiempo para mejorar de cara al Mundial. Que encontraría un esquema, un funcionamiento. Pero nada de eso ocurrió. Como con Macri. Seguimos adelante sin plan, a la buena de Dios. Y hasta acá llegamos. Una primera fase de grupos que nos clasificó con muchísimas dificultades, otra vez en el último partido y con angustia. Sólo para estirar la agonía y un final anunciado. En octavos de final Francia pondría en evidencia todo lo precedentemente expuesto, que va más allá de lo futbolístico pero que influye directamente sobre lo deportivo. Cuando haces todo mal, a veces ganas. Pero en general perdes. En los procesos serios no se trata de buscar un mesías ni de que la suerte te acompañe. Se eligió seguir por el mismo camino, por eso el resultado es el mismo que desde hace más de 30 años y no sorprende.

Ahora seguramente vendrá una nueva y multimillonaria rescisión del contrato de Sampaoli para traer un nuevo técnico, algo que vuelve a desnudar nuestra incapacidad para respetar los compromisos, las metas y los procesos inicialmente planificados para el largo plazo.
Todo esto resulta un espejo en el que se mira la política argentina en general, pero en particular la administración Macri. Nada cambió. Todo es igual.