El pacto fiscal que impulsa el Gobierno Nacional con las provincias tendrá diversas derivaciones sobre la ejecución del presupuesto que se discutirá de cara al año que viene, que dicho sea de paso será con calendario electoral. En particular, se sabe que el recorte más grueso siempre pasa por la obra pública, acaso uno de los grifos más grandes de la economía. Sin embargo, al ser un año de comicios y ante la necesidad de mostrar obras como símbolo de la gestión, el oficialismo se enfrenta a un incómodo intríngulis; redefinir la distribución de la obra pública, principalmente en la Provincia de Buenos Aires, la madre de todas las batallas, con un criterio electoral y político o cumplir con su slogan de campaña: “Haciendo lo que hay que hacer”.

Si nos ceñimos por el manejo histórico que hacen las distintas fuerzas políticas del presupuesto en años eleccionarios está claro que prevalecerá el criterio electoral. Pero de allí surge otra importante cuestión a resolver por parte del Gobierno. ¿Apuntará todavía a conquistar los distritos conducidos por la oposición o concentrará su atención en consolidar los propios para evitar riesgos de fuga? Frente al contexto actual, conservar lo que se tiene y expandirse parece hoy una utopía, por eso se plantea esta dicotomía.

Según el propio Gobierno, el ajuste en la obra pública se sentirá con la reducción de entre un 20 y un 25%. Por eso el desafío pasa por redefinir su distribución. Si bien es cierto que existen distintas variables para determinar las obras en un distrito, como la cantidad de habitantes, la cantidad de personas que se atienden en hospitales provinciales dentro de un municipio, los kilómetros de rutas, caminos y calles asfaltadas, así como las necesidades concretas de cada uno, un jefe comunal del conurbano bonaerense justificó en off the récord la discrecionalidad en el reparto con el siguiente argumento: “Durante años hubo un claro alineamiento político entre Nación, Provincia y muchos Municipios del mismo signo partidario donde se benefició a los amigos tanto como se perjudicó a los enemigos. Por eso es lógico que hoy se genere lo mismo pero al revés, no a modo de revanchismo sino para compensar el desfasaje que hubo entre muchos distritos”.

Para ilustrar su explicación, el mismo intendente puso un ejemplo exagerado para mostrar la comparativa: “Mientras veía cómo techaban el municipio de al lado, en el mío todavía andábamos por calles de tierra”.

Como sea, está claro que, más allá de si se trata de un criterio “compensatorio” o no, la política siempre distribuye los recursos en base a sus necesidades y no a las de la sociedad.