Cuando Mauricio Macri asumió el mando como Presidente de la Nación en 2015, presentó a su gabinete con sonido bombos y platillos cuyo eco suena cada vez más desafinado con el correr de la gestión. Tras dos años y medio, el “mejor equipo de los últimos 50 años” ya ha dejado en el camino, tal vez, a las figuras más rimbombantes que arribaron en 2015 como la élite en sus respectivos campos. A continuación, un breve repaso del auge y caída de los casos más destacados.

La primera baja fue la de Isela Constantini, quien recaló como presidente de Aerolíneas Argentinas con los laureles de ser la directora ejecutiva de General Motors Argentina, Uruguay y Paraguay, considerada “CEO del año” en 2015 e incluida en el puesto 37 entre las mujeres más poderosas del mundo de los negocios por la revista “Fortune”. Sin experiencia política previa, el pesado currículum de Constantini en el sector privado estuvo lejos de ser suficiente para sostenerla en el cargo. Sin ser capaz de equilibrar la agenda política con las decisiones empresariales, debió presentar su renuncia por pedido del ministro de Transporte, Guillermo Dietrich.

A diez días de la salida de Constantini, el economista Alfonso Prat-Gay dejó la conducción del Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas. Si bien cuenta con una carrera en el sector privado, Prat-Gay destaca por sus antecedentes políticos en un contexto de funcionarios provenientes de la actividad empresarial. El primer embajador del gradualismo cosechó un relativo éxito con la salida del cepo cambiario y la negociación con los fondos buitre, pero los encontronazos con la coordinación del gabinete a cargo de Marcos Peña, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, lo condenaron a una temprana salida. En esas vueltas de la política, el tridente que salió fortalecido en su rol de coordinador tras el paso al costado de Prat-Gay, recientemente cedió terreno ante el sucesor inmediato de este, Nicolás Dujovne.

El saldo del año 2017 se inauguró cuando el experimentado consultor económico e histórico dirigente PRO, Carlos Melconian, dijo adiós a la presidencia del Banco Nación. Forma parte del grupo de funcionarios que se vio eyectado del gobierno debido a conflictos con los responsables de la coordinación del equipo de gabinete, en este caso, con nada más ni nada menos que Marcos Peña. Tras su salida, Melconian ha tomado una posición crítica frente al rumbo gradualista de la política económica oficial, más allá de argumentar un total apoyo al Presidente.

Un nombre que irrumpió con mucha fuerza en el escenario político a fines de 2015 fue el de Susana Malcorra, nombrada al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto con el respaldo político Macri y un currículum de excelencia, hasta el punto que se llegó a decir que era “la Messi de las relaciones internacionales”. Con un pasado exitoso en IBM y Telecom y viniendo de ejercer como Jefa de Gabinete de la Secretaría General de las Naciones Unidas, se hizo cargo de una cartera esencial de cara al objetivo de “inserción al mundo” planteado en la agenda del gobierno. Su año y medio de gestión fue protagonizado por el escándalo de los Panamá Papers, una tensa relación bilateral con Venezuela, el viraje hacia a la construcción de una relación con el Reino Unido más allá del conflicto por las Islas Malvinas y su fallida candidatura por la Secretaría General de las Naciones Unidas. La ex–canciller, previamente a las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos, sufrió un letal traspié al explicitar su apoyo a Hilary Clinton, quien resultase perdedora ante el hoy Presidente norteamericano, Donald Trump. La argumentación oficial al momento de su renuncia fue la enfermedad de su esposo, aunque las no pocas turbulencias durante su gestión dan un marco más que coherente a esa decisión.

Con una realidad económica con escasas buenas noticias para dar, el 14 de junio del corriente 2018 fue el día de la salida de Federico Sturzenegger del Banco Central. Cierta desprolijidad se hizo patente en la renuncia de Sturzenegger, quien antes de irse firmó junto a Dujovne la carta de intención dirigida al Fondo Monetario Internacional con las medidas que tomaría el país en el marco del inminente acuerdo con el organismo internacional por un préstamo de 50 mil millones de dólares. Sturzenegger cuenta con un nutrido curriculum, destacándose académicamente, en la actividad privada y como funcionario público. Más allá de sus méritos previos, se fue de la actual gestión envuelto por la tormenta que significó la corrida cambiaria de mayo y la pérdida de credibilidad de la política monetaria tras dos años y medio de gestión en los que no se pudo controlar la inflación a pesar de haber sido el objetivo prioritario.

El caso más reciente es el de Juan José Aranguren. Quien fuese durante más de una década el presidente de Shell Argentina se hizo cargo del Ministerio de Energía y Minería de la Nación, Secretaría promovida al rango de Ministerio tras la asunción de Macri. Aranguren supo ser de las caras más antipáticas de la gestión Cambiemos, siendo protagonista de los tarifazos en los servicios de gas y luz, cuestionado por asumir el cargo siendo accionista de Shell, por beneficiar a dicha empresa en su gestión y por negarse públicamente a traer sus ahorros a Argentina. Se mostró sorprendido y decepcionado por su salida del gabinete, declarando que “algo esperaba, porque no soy alguien que se deje coordinar fácilmente”.

Tras repasar los apellidos que quedaron en el camino durante la gestión Macri, se presta al análisis la dificultad evidente que el Presidente ha encontrado ante el desafío de conformar un equipo a partir de un grupo de figuras de renombre. Las sucesivas rispideces de los funcionarios del gobierno con la coordinación encabezada por Peña, Quintana y Lopetegui, hace repensar si en la conformación del gabinete no hubo un exceso de caciques acostumbrados a mandar en desmedro de indios capaces de adaptarse a los liderazgos. Roma no se construyó de la noche a la mañana y, por lo visto, el mejor equipo de los últimos 50 años, tampoco.