La coyuntura local pasó por alto, como datos intrascendentes, los encuentros del presidente Mauricio Macri con sus pares de China y de Rusia, en el marco de la cumbre de los BRICS.

La política internacional, en tiempos de interdependencia inédita, adquiere mucha relevancia para ignorarla.

En la actualidad, las tasas de interés de un país pueden derrumbar la economía de otro país; más allá, un grupo de desconocidos expertos puede estar trabajando en data mining para influir en la conducta de los votantes de cualquier otro país; un terrorista del (antes llamado) tercer mundo puede estar imprimendo en 3D las armas que fabrican los diseñadores de una nación industrializada, y así sucesivamente. 

Esta aceleración, junto al cambio de paradigma que ha imprimido la administración Trump en las relaciones internacionales, obliga a los Estados a discutir, a proteger sus economías o a sellar pactos con las economías complementarias que aceptan el convite.

Nada está garantizado, y aún no termina de delinearse un nuevo orden mundial, garantía de estabilidad. Pero teniendo en cuenta la intensidad de esos cambios: ¿Volveremos a ver algo similar a la Pax Romana o lo que muchos expertos, tras el fin de la Guerra Fría, llamaron Pax Americana?

Las pequeñas diferencias que hubo entre Macri y Putin desde que el primero asumió la presidencia, en diciembre de 2015, parecieron olvidarse en las aguas del Atlántico sur con el gesto desinteresado de Putin, que envió un equipo especializado para ayudar a encontrar el ARA San Juan. Por primera vez se habló de explotar el potencial de inversiones que tienen ambas naciones, especialmente en el sector ferroviario.

Si hay que hacer un frente común en la guerra comercial, la Argentina está en condiciones de negociar en buenos términos con el BRICS, porque el presidente, que asistía como organizador del G-20, también pudo hablar con el presiente chino.

Xi Jinping subrayó la necesidad de que el G-20 sirva para aplacar el ánimo proteccionista de los aranceles estadounidenses. Y aunque el FMI no quiere que su dinero se gaste en infraestructura, sigue en pie el acuerdo para una planta nuclear con tecnología china en nuestro suelo.

Pero el buen trato con los BRICS –y esto incluye también a la India y a Sudáfrica, por no hablar de nuestros socios y vecinos preferenciales- no excluye acuerdos por separado, para aprovechar apetencias específicas de los posibles aliados. Aprovechar, por ejemplo, el interés de Putin por hacer pie en el cono sur, habida cuenta de que China y Estados Unidos han desembarcado en la región con varios proyectos a largo plazo.

En el discurso de Macri hubo un afán de pura diplomacia, y abundaron las expresiones habituales en ese sentido: consenso, intereses comunes, multilateralismo y gobernanza global.

En el escenario mundial, sin embargo, no hay ninguna estrategia excluyente: Trump no vino a destruir el multilateralismo, sino a plantear lo que considera soluciones prácticas en aquello que distorsiona las relaciones comerciales en perjuicio de su país. Al menos esto es lo que surge si se observa con atención sus supuestas desavenencias con México, Canadá o la Unión Europea.

Más allá de mostrar los dientes, en el estilo particular de su actual inquilino, la Casa Blanca no destruye acuerdos, sino que los reformula. Y eso, más allá de las turbulencias que pueda ocasionar a corto plazo, puede inclusive reforzar los puntos en común entre naciones complementarias, más allá del peligro –siempre latente- de una guerra comercial abierta.

Nuestro país hizo su juego en Sudáfrica, y, más allá de las cambiantes circunstancias internas, que por momentos lleva a los más pesimistas a pronunciar la palabra “crisis”, sigue dando señales de apertura al juego que juegan las naciones prósperas.

Claro que jugar el mismo juego no es lo mismo que hacer como que se juega, o tan sólo emular, de manera superficial, la conducta de los dueños del tablero global. El G-20 será una oportunidad más para afirmar esta vocación aún más, y proyectar la en los próximos años, más allá de las vicisitudes electorales del año próximo.

El potencial del país sigue intacto. Si hacemos las cosas bien, podemos estar seguros de que los libres del mundo responden.