Finalizada la jornada que tuvo a la Cámara de Senadores como protagonista en el tratamiento del proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, el mundo político ya se vuelca a analizar y delinear lo que vendrá. Al mismo tiempo, las principales fuerzas políticas del país deberán evaluar el saldo que les dejó una discusión donde la mayoría tuvo más para perder que para ganar.

El Presidente Mauricio Macri dio lugar a la discusión del tema en el Congreso. Fue una maniobra que  perseguía fines distractores en una coyuntura económica de rescisión. La apertura al debate fue un duro golpe al núcleo duro de votantes de derecha del Presidente.

Asimismo, hasta julio no se percibía ningún contra-efecto en el electorado joven y el feminismo, donde Macri no sumó adhesiones y sigue mostrando niveles de aceptación bajos. Con el resultado del día de ayer, adverso para estos sectores, es improbable que el Presidente logre capitalizar una mejora en su imagen en los estratos pro-aborto.

Macri buscó siempre el lugar de la imparcialidad y de garante del debate como fin en sí mismo. Desde esa postura, lejos de salir indemne, recibió embates provenientes de tanto “verdes” como “celestes”.

Del otro lado del arco político, la senadora Cristina Fernández de Kirchner votó a favor de la aprobación de la Ley en la sesión de ayer. Argumentó que las miles de mujeres que se volcaron a la calle para conquistar un derecho la convencieron de cambiar de posición.

CFK operó en modo control de daños. Teniendo a una gran parte de su electorado como agentes activos a favor de la Ley, decidió inclinarse por votar a favor y, en todo caso, quedar expuesta a reproches respecto a la hipocresía que significa no haber permitido que la legalización del aborto se debata durante sus ocho años de mandato como Presidente de la Nación. Por otro lado, Cistina no pudo garantizar que todo su bloque votara a favor y la senadora Silvina García Larraburu se opuso a la aprobación de la Ley.

Dentro de Cambiemos se vivieron rispideces alrededor del tema. En la sesión de ayer, un micrófono abierto captó como la Vicepresidente Gabriela Michetti tildaba de “pelotudo” al senador radical y jefe del interbloque de Cambiemos, Luis Naidenoff. La descalificación se dio luego de una discusión por los tiempos de exposición que permitía Michetti.

Los senadores radicales se posicionaron en su amplia mayoría en contra de la aprobación de la Ley y le reprocharon al Presidente la habilitación del debate, entendiendo que los expuso a una situación de compromiso. Es que sectores dentro de la UCR, como la Juventud Radical o los Comités bonaerense y porteño, tomaron partido a favor de la ley y confrontaron el voto de sus colegas en la Cámara Alta. “Qué la historia los juzgue” y “dan vergüenza” fueron algunas de las frases utilizadas en desmedro de los senadores de la UCR.

En líneas generales se vislumbra un balance negativo para el mundo político. Queda por verse si de hecho algún sector o figura política salió favorecido de un debate que se caracterizó por ser promovido por sectores no institucionalizados políticamente. En esta partida, las principales figuras políticas del país deberán contentarse con emerger recibiendo la menor cantidad de palos posibles más que aspirar a alguna zanahoria.