El jefe de Gobierno Porteño, Horacio Rodríguez Larreta y la gobernadora María Eugenia Vidal compartieron un almuerzo con el conductor televisivo Marcelo Tinelli. Larreta y Tinelli tienen una buena relación, lubricada por haber sido el dirigente PRO un actor esencial para la sanción de la Ley que, bajo la gestión de Tinelli y Matías Lammens, destrabó la vuelta del club San Lorenzo de Almagro a Boedo.

¿Apuntará el oficialismo a integrar al periodista dentro de las filas de Cambiemos? Tinelli lleva algunos meses tanteando las aguas para ingresar al mundo de la política, tras su fallido intento de presidir la Asociación del Fútbol Argentino en el fatídico 38 a 38. El conductor cuenta con el apoyo del empresario y diputado nacional mandato cumplido Francisco de Narváez y del expresidente Eduardo Duhalde. Asimismo, tuvo un incipiente acercamiento con el neurólogo Facundo Manes.

Duhalde es de quienes entienden que el escenario de polarización constante tiene como correlato un desgaste mutuo de los actores que protagonizan el mundo político. Este desgaste va en desmedro de todo el arco político, generando un hastío generalizado de la población con la política y dejando vía libre para que un outsider capitalice la situación.

La actualidad ilustra con ejemplos esta dinámica, con la imagen de Cambiemos en caída golpeado por la crisis económica y la trama de los aportantes truchos y el kirchnerismo fustigado por los cuadernos de las coimas. Todo esto, bajo un halo de inflación incesante que ni Cristina Kirchner ni Mauricio Macri lograron contener.

Marcelo Tinelli cuenta con un alto nivel de reconocimiento de su imagen y con gran presencia en las redes sociales: es el tercer argentino con más seguidores de Twitter, el sexto en Instagram y el 32° en Facebook, según un relevamiento de Políticos en las Redes. Del mismo modo, interactúa en redes con un público de amplio espectro, transversal en edad y nivel de ingresos. Esto último dota de versatilidad a su figura.

A contramano de sus aspiraciones, en la actualidad predominan las opiniones negativas sobre su imagen, oscilando entre un 55% y un 80% el porcentaje de personas que no lo votaría, dependiendo de la encuesta que se tome.

En mayo, el conductor fue entrevistado por Luis Novaresio. Elogió la voluntad de diálogo del Presidente Mauricio Macri, aunque dejó asentadas posiciones críticas con el Gobierno en materia económica. Estas diferencias, de todos modos, distarían de ser irreconciliables. En la oportunidad de ese reportaje, Tinelli apuntó a la dinámica política actual, diciendo que la grieta solo “le sirve a algunos y afecta a todos”.

En el gobierno les tienen resquemor a las irrupciones de outsiders en política porque saben que gran cantidad de sus votantes no están fidelizados y son pasibles de ser captados por una figura atractiva que proponga desde un discurso similar pero sin el desgaste de imagen propio de la gestión.

Lo cierto es que un armado que incluyese a Tinelli a nivel nacional o provincial tendería más a quitarle votos a Macri o Vidal que a un candidato K o peronista. Massa es un actor que en este contexto podría abarcar al trío dentro de un espacio mayor o, inclusive, hasta perder el lugar de tercera alternativa en manos de este nuevo actor emergente. Teniendo en cuenta lo antedicho, si las intenciones de Tinelli de participar en política son reales, la apuesta correcta para el gobierno parecería ser la de intentar incluirlo en su armado y no permitir que engrose el espacio de Massa o les quite votos desde una lista aparte.

Más allá de las intenciones ¿cuenta Tinelli con las habilidades, la voluntad y los demás recursos intangibles necesarios para gestionarse exitosamente un lugar en el escenario político? La complejidad del desafío juega, en este sentido, a favor del círculo rojo de la política si el conductor entiende que ser incluido dentro de un espacio consolidado puede darle, aunque a un plazo más largo, oportunidades concretas de ocupar un espacio de poder en el futuro.