En su última apertura de sesiones ordinarias en el Congreso, el presidente inició la campaña electoral. Al igual que su antecesora, utilizó el evento para formular un discurso dirigido a su núcleo duro, buscando confrontar con la oposición. Formalmente se dieron por concluidos los tiempos donde Ravi Shankar era el mesías y un rol en el mundo globalizado de Obama parecían ser el mandato. 

El dilema de Macri, recurrente. El hombre es el único animal que tropieza dos veces con una misma piedra y Macri en este rubro se muestra muy humano. Las expectativas creadas ayer (2015) dinamitaron su credibilidad hoy (2019) y la división social que impulsa hoy (2019) le alcanzarán la factura mañana (post 2019). 

 

El 44avo presidente de Estados Unidos sostuvo: “si tienes que ganar una campaña dividiendo a la gente no podrás gobernarla. No podrás unirlos más tarde“.

En los 60 minutos en los que el mandatario se expresó sobraron los meta mensajes y se ausentaron las autocríticas. Resulta predecible sin logros concretos en materia económica para exponer, mas aún cuando esta es la principal preocupación del 70% de la ciudadania.

Futuro, wifi, internet, cambio cultural, agua limpia, conectividad, modernización, revolución de los aviones, turismo, discapacidad, energías renovables, emprendedurismo, trámites digitales, inteligencia artificial fueron conceptos blandos en los cuales trató de apoyarse y empatizar con los independientes. Pareciera poco para la enorme cantidad de argentinos que necesitan meses de 15 días.

Antes de abordar temas como: inflación, pobreza, trabajo, salario, deficit, fábricas o pymes pidió tiempo, filtró la idea del largo plazo y abrazó la herencia recibida, única política de estado en nuestra joven democracia.

Las risas y los agravios fueron la música de la oposición, el ¨si de puede¨y los aplausos de pie sonaron del lado del oficialismo. Las menciones a la gendarmería, el ejercito, la policía o la lucha contra el narcotráfico parecieron inverosímiles en una sesión militarizada que resultó invadida por una diputada propia desaforada que quedó despechada.

El aumento de la asignación universal por hijo fue el anunció esperanzador del discurso, parecía inevitable debido al aumento generalizado de precios. Las obras de infraestructura mencionadas abarcan las rutas, los puentes, aeropuertos y los avances en materia ferroviaria. Estos por más que no sean tan vigorosos como hasta mayo del año pasado lograron no dejar vacante el casillero de la gestión.

Venezuela, Maduro,Irán, Guaidó, G2O, FMI y apoyo de la comunidad internacional fueron los conceptos encargados de mostrar la ilusión geopolítica de su administración.

El debate sobre el aborto, el rol de la mujer, los abusos, la ola feminista y el clima de época en esta materia parecieron ser advertidos. Por ahora el poder ejecutivo pareciera elegir el carácter de observador privilegiado más que de conductor del proceso. 

 

El laboratorio y la calle debatieron en un teatro que precisa de consensos y acuerdos para modificar la realidad. Las ideas y el reconocimiento del otro escasearon. La firmeza y la convicción intentaron estar presentes en la figura presidencial. La política y la persuasión ausentes con aviso.

Dictaminar si la comparación con el pasado es suficiente para resultar reelecto o si la diferencia entre las expectativas creadas en campaña y la situación actual es tarea de la ciudadanía. La misma parece estar tan gris como despolitizada. 

El diálogo socrático entre la Negra Vernacci y Humberto Tortonese transformó en sátira el discurso inaugural de Macri. 

(* el autor es politólogo de la Universidad de Buenos Aires, y máster en Comunicación de la Universidad de Barcelona)