Cien días antes de las PASO del año 2015, Martiniano Molina alternaba cocina en los magazines matutinos, publicidades de marcas ABC 1 y algunos incipientes proyectos vinculados a los alimentos orgánicos mediante simpáticas granjas.

La ola amarilla y el efecto Vidal lo sentaron en la caliente silla de la alcaldía de Quilmes. Figuras de peso en la política nacional, como el ex presidente interino Eduardo Camaño o el polifuncional Aníbal Fernandez duraron tan solo un mandato. La excepción que rompió esa regla, el sindicalista metalúrgico Francisco Gutierrez.

A la hora de diseñar políticas públicas o gestionar recursos pareciera que ser una figura fresca con acceso a los medios nacionales resulta insuficiente para gobernar el séptimo municipio más poblado de la provincia de Buenos Aires. Aprendizaje para Cambiemos y también para aquellos mediáticos con intenciones de desembarcar en el ámbito publico.

Cinco gabinetes enteros pasaron en algo más de tres años, furcios como confundir un centro de detención clandestino con un pozo lo hicieron tendencia en las redes sociales. La política que en su momento se alineó para terminar con el mandato de su antecesor hace tiempo se alejó.

Sin gestión ni política, el ex jugador de handball se abraza al marketing oficial y le reza a la obediencia de vida. Se expone al ridículo para verse leal a sus superiores en el inicio a las sesiones del HCD. A los gritos, como el presidente y la gobernadora pareciera estar jugando su última carta.

En intimidad el mismo intendente reconoce a funcionarios de las principales empresas de la Argentina, que son pocas las probabilidades de ser reelecto si Cristina Fernandez de Kirchner es candidata. En los números de Molina su candidato a presidente ronda los 25 puntos mientras que la ex presidenta roza los 40.

Fuentes cercanas a Jorge Macri, sostienen que retener el distrito será complejo y que solo si Mayra Mendoza fuera candidata única existirían probabilidades. La apuesta del oficialismo provincial es trabajar por lo bajo con las otras facciones justicialistas para que la dirigente de La Cámpora no se imponga.

El kirchnerismo duro apuesta a la unidad pero es culposo a la hora del pragmatismo. Su candidata no mide lo suficiente para evitar las internas con la facción de Aníbal Fernandez, quien aún no imponiéndose hace tiempo en el distrito, nunca dejó de ser competitivo.

Los dirigentes que podrían representar la avenida del medio, que sólo contará con vigorosidad si Lavagna es candidato consideran que con una lista de 25 puntos podrían pelear el distrito. Parece inverosímil hacer desde el llano lo que el actual alcalde no puede con la suma del poder público.

La paradoja en Quilmes es que ninguno de los espacios tienen todo lo que se necesita para imponerse, pero todos cuentan con una parte necesaria: Aníbal es la política, Mayra la cercanía a Cristina Fernández de Kirchner, Molina la maquinaria electoral de Marcos Peña, Queijeiro la imagen y Fernando Pérez el radicalismo.

Este antiguo distrito bonaerense siempre se jactó de ser termómetro nacional, reflejando con resultados electorales locales lo que sucede en el ámbito nacional y provincial. Desde la vuelta de la democracia esa máxima siempre se cumplió.

En definitiva dependerá de si este año lo que se impone es el dogma o la praxis.  Como dice un filósofo justicialista bonaerense: “va siendo hora de que la política le gane a la religión“.