Que el fútbol y la política tienen vasos comunicantes en la Argentina no es nada nuevo, tampoco lo es que San Lorenzo siempre contó con la más creativa de las hinchadas argentinas.

Hace tiempo que el club de boedo coquetea con instalar a sus dirigentes en el círculo rojo. La tercera podría ser la vencida tras los fallidos intentos de su vicepresidente Marcelo Tinelli, primero tratando de presidir la AFA y posteriormente con sus idas y vueltas con la esfera pública.

Ahora pareciera ser el turno de Matias Lammens, su actual presidente. Éxitos deportivos para mostrar le sobran, a pesar de no estar viviendo el mejor de los presentes.  Logró que San Lorenzo vuelva a ser competitivo en los planos nacionales, adquirió relevancia internacional al ganar la Libertadores, saneó las cuentas del club y las inferiores volvieron a ser uno de los semilleros del fútbol argentino.

Este joven abogado, ex alumno del Nacional de Buenos Aires pareciera contar con muchos de los atributos que el porteño necesita a la hora de mirar a un político. Joven, sin prontuario e ideológicamente posicionado a la izquierda de una administración que en la Ciudad de Buenos Aires este año cumplirá 12 años de mandato.

Cercano al actual gobernador de Santa Fé, Miguel Lifschitz, apuesta a la candidatura de Roberto Lavagna para desembarcar a la función pública. El hecho que la administración de Horacio Rodriguez Larreta haya decidido unificar las elecciones porteñas con las nacionales lo obliga a Lammens a contar con un anclaje nacional.

Sus primeros acercamientos a la política le mostraron lo difícil que será el paso de una actividad a la otra. En Clarín el periodista Ricardo Roa tituló: “No por mucho leer a Fidel se amanece político“, en eun artículo en el que lo tildó de amateur y oportunista. Los aceitados vínculos del oficialismo porteño con el gran diario argentinos son conocidos, analizar las erogaciones de su pauta su demostración empírica.

El desafío de representar una alternativa a Cambiemos en la Ciudad de Buenos Aires cuenta con la ventaja del desgaste de tres administraciones macristas y la baja sustancial de la imagen del presidente. El punto débil es que la vanguardista ciudadanía porteña parece estar a la espera de una plataforma superadora, la cual requiere profesionalismo y equipos que muestren que es eso posible.

Los sondeos de opinión pública muestran que una fuerza articulada, con identidad porteña y una cosmovisión moderna del mundo podría acceder al balotaje. Lammens cuenta con la imagen, el conocimiento y los atributos suficientes como candidato para representar esa fuerza. El interrogante es si tendrá la capacidad política de conducir los intereses colectivos de la ciudadanía hacia su anhelo personal.