“La derecha que se opone a Mauricio está más radicalizada que la izquierda. Vamos a demostrar que en comparación los troskos son pragmáticos‘‘, sostiene un diputado nacional cercano a Marcos Peña en el lobby de un coqueto hotel de Recoleta. 

La semana pasada, el analista político Rosendo Fraga, sostuvo en Animales Sueltos que el oficialismo podría perder votos por derecha, producto del desprendimiento del voto militar y el religioso. El primero fruto del destrato de Macri a través de la gestión del ministro de defensa Oscar Aguad y el segundo como consecuencia del debate sobre el aborto.

Controlada la aventura del diputado salteño Alfredo Olmedo, que finalmente competirá dentro de Cambiemos para tratar de ser gobernador de su provincia, la oferta de la derecha parece estar demasiado atomizada. El oficialismo apuntará a profundizar las diferencias entre los distintos sectores, apostando a que finalmente los electores apuesten al voto útil en contra de Cristina Fernández de Kirchner.

El electorado que se encuentra a la derecha de Macri y en las elecciones del 2015 y 2017 acompañó a Cambiemos hoy se divide en dos. Por un lado están los liberales, con exponentes como los economistas Jose Luis Espert y Javier Milei que le critican al presidente no haber ejecutado el shock necesario para encauzar las cuentas públicas. Del otro lado los conservadores que consideraron inoportuno el debate sobre el aborto. Entre estos últimos, se destacan las figuras del ex titular de la Aduana Juan José Gomez Centurión, la mediática Amalia Granata, el periodista Mariano Obarrio y la ex diputada nacional Cinthia Hotton.

En su obra “Las nuevas caras de la derecha“, el genial Enzo Traverso evidencia el vacío de poder del sistema de los partidos tradicionales, que han perdido sus bases sociales y también sus discursos identitarios. Así reconstruye las paradojas de un escenario en el que los líderes se potencian de su carisma personal o mediático y - especialmente, de los defectos de sus adversarios- para ascender sin necesidad de demostrar méritos propios.

Donald Trump, Marine Le Pen o Jair Bolsonaro, parecieran ser los casos de éxito de esta nueva ola de la derecha moderna. En Argentina la apuesta parece ser más modesta, sus representantes apuntan con alcanzar 10 puntos y crear una nueva forma de representación en el país.

El desafío es dual, por un lado el gobierno buscará profundizar sus diferencias y por otro los distintos actores tendrán que buscar apoyarse en sus valores comunes. Por ahora y a tres meses del cierre de listas, la botonera del oficialismo parece contar con todas las herramientas para desactivar esta nueva aventura. En Argentina 90 días parecieran ser una eternidad, solo el tiempo dirá cuan a la derecha sopla el viento del sur.